ARTURO DÚO VITAL, EL MÚSICO POETA (texto de Francisco cano salinas)

ARTURO DÚO VITAL

Cantabria, aun siendo tierra fértil en aportar al mundo importantes ejemplos de escritores, pintores, arquitectos, médicos, ingenieros o directores de orquesta, nombres que en su momento trascendieron los límites de nuestra pequeña comunidad, quizá no ha sido demasiado pródiga en compositores de música culta, pero lo cierto es que los que tuvo en el pasado y los que ahora tiene, fueron y son de buena ley. De entre todos, Arturo Dúo Vital (1901-1964) es la personalidad cántabra más importante, un hombre excepcional, sensible y profundo,  dotado técnicamente, un cántabro universal que merece ser conocido por las nuevas generaciones.

La música española de comienzos del siglo XX tuvo, a su pesar y para su desgracia, que empeñarse en desarrollar un repertorio operístico, de cámara y sinfónico  casi inexistente,  que ya había sido completado por otros países el siglo anterior. El atraso que arrastraba consecuencia de un nefasto siglo XIX también obligaba a los nuevos compositores a un esfuerzo ímprobo de puesta al día del lenguaje, como incluso de fomento de un público y una infraestructura estatal de conciertos, y eso contando con la figura singular de Manuel de Falla, que sí poseyó esa puesta al día y una escritura acorde con las corrientes imperantes de su tiempo.

Por entonces irrumpió una prole poética, bautizada como Generación del 27. A este árbol le brotó una esperanzadora rama musical que también fue conocida como Generación de la República. Esta generación tuvo como protagonista a una serie de creadores que, desde Madrid y Barcelona y otros desde la periferia, como Dúo, dieron una nueva vida a la cultura española en compañía de los Lorca, Dalí, Buñuel, etc. y la elevaron a una Edad de Plata que terminó abruptamente con la Guerra Civil. Fueron creadores que forjaron su formación en las tres primeras décadas del siglo y que después tuvieron que adaptarse a las terribles condiciones de la posguerra, unos desde el exilio y otros desde el interior, pero todos marcados por un paisaje traumático y de ruptura.

Aunque por desgracia el nombre de Arturo Dúo Vital no diga mucho al aficionado medio español, estamos ante uno de los representantes más importantes de esta Generación de la República, un músico de gran talento, marcado por las constantes propias en los compositores de su generación, como son el respeto a la tonalidad, la expresión ajustada al constructivismo formal, una original incorporación de elementos populares de su tierra natal enormemente estilizados, así como una orquestación de clara influencia francesa. Pero como muchos otros, llevando una carrera discreta, con sólo ocasionales éxitos de crítica y público a pesar de haber tenido mucha suerte y llegar a ver estrenadas una buena parte de sus creaciones, ejerciendo su oficio en unas condiciones artísticas muy poco estimulantes y sometido a unas dificultades personales muy duras en los primeros años de la posguerra, solo aliviadas en sus últimos años por una estabilidad profesional alcanzada cuando resultó nombrado profesor de armonía y composición en Madrid. Entonces llegaron sus mejores logros, los premios, las menciones y la proyección internacional pero su vida quedó truncada en el mejor momento.  

Arturo Dúo Vital nació el quince de mayo de 1901 en la que por entonces era la pequeña villa marinera de Castro Urdiales, Cantabria, dentro de una familia acomodada, de padre vasco y madre castreña. Su infancia transcurrió entre la música, presente en el seno familiar, pero sus padres desearon para él una formación humanística, ingresando en diferentes centros religiosos de Balmaseda (Vizcaya), Segovia y Beire (Navarra). En 1924, finalizada su formación académica, regresó a Castro Urdiales, donde comenzó a trabajar como empleado en el Banco de Vizcaya, tal como lo había hecho previamente su padre. Con el desahogo que le aportó una situación profesional estable, comenzó a desplazarse a Bilbao para recibir clases de armonía y contrapunto. Bilbao por entonces empezaba a vivir un período de renacimiento musical con la creación en 1920 del Conservatorio y la llegada de importantes músicos foráneos. Con estos músicos en su claustro de profesores se impulsó la creación de la orquesta sinfónica de dicha ciudad. La dirección de la orquesta atravesó en sus inicios una cierta inestabilidad hasta que, en 1929, pasó a dirigirla un músico ruso-francés, que procedía del Teatro de los Campos Elíseos de París, Vladimir Golschmann.  Este músico gozaba de un notable prestigio y había estrenado en la capital francesa nuevas obras como el Retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla.

En estos años de dedicación en su tiempo libre a la música, Arturo Dúo Vital decidió ingresar en la Sociedad Coral de Castro Urdiales, importante agrupación musical de la villa y en la que su padre había sido miembro. En 1927 fue nombrado director, al mismo tiempo que lo era Jesús Guridi de la Sociedad Coral de Bilbao,  músico con quien mantuvo amistad. La actividad de Dúo Vital al frente del conjunto fue muy elogiada por los periódicos cántabros de entonces, reseñándose en ellos la mejora del coro bajo su dirección. Fue en estos momentos cuando Dúo escribió numerosas canciones y realizó armonizaciones de melodías populares montañesas, que gozaron de gran éxito y que hoy siguen permaneciendo en el repertorio coral. Estas experiencias musicales de los últimos seis años, 1924-1930, lo hicieron tomar una drástica pero lógica decisión: abandonar su trabajo en el banco y dedicarse profesionalmente a la música. Desatendiendo los consejos paternos, marchó a París en el otoño de 1930 gracias a la decisiva amistad surgida en Bilbao entre Arturo Dúo Vital y Vladimir Golschmann.

París, año 1930     

El joven castreño se trasladó a París y por influencia del director de orquesta,  perfecto conocedor de las instituciones educativas francesas, se animó a matricularse en la Escuela Normal de Música, un centro de estudios privado. Allí quedó bajo el magisterio del prestigioso profesor y compositor Paul Dukas, a la vez que recibía clases gratuitas de dirección orquestal de su amigo Vladimir Golschmann en el domicilio particular del maestro ruso. Entre los compañeros del cántabro en aquel curso estarían Joaquín Rodrigo y Jesús Arambarri, con el que mantendría una profunda amistad. Con una nueva formación completamente actualizada según los parámetros de la música europea del momento, regresaría a casa en julio de 1932.

Volvió a Castro Urdiales y allí se casó con Ana de la Llosa, maestra con la oposición recién obtenida. El matrimonio tuvo que marchar a la isla canaria de La Palma, primer destino profesional de su esposa. Cerca de la casa donde se alojaron había un molino, cuyo sonido y movimiento inspiraron a Arturo a escribir su primera obra orquestal, Molinos isleños (1932). Finalizado el curso, se trasladaron a Madrid, con el objetivo de que el compositor ampliase sus conocimientos de dirección orquestal, consiguiendo estudiar con Enrique Fernández Arbós, director de la Sinfónica de Madrid. El mismo Dúo, al frente de dicha formación, estrenó el diecisiete de diciembre de 1933 su poema sinfónico Molinos isleños. También fue interpretado en Bilbao por la Sinfónica de la ciudad bajo la dirección de Jesús Arambarri, su amigo y compañero de estudios.

Arturo Dúo Vital y su esposa en una imagen tomada en Castro Urdiales

Durante estos años en Madrid, Dúo Vital se dedicó casi en exclusiva a la creación de zarzuelas, cuando el género estaba en franca decadencia. Compone La Tonadillera (1934), zarzuela en tres actos, que no consiguió estrenar, El oro del pirata (1935), que corrió la misma suerte, La princesa gitana (1935), un acercamiento de Dúo Vital al flamenco que sí pudo estrenar en el Teatro Chueca el veinte de febrero de 1936. Unos pocos días después de la premier, el matrimonio volvió a Castro Urdiales para salvaguardar la salud de su esposa, en avanzado estado de gestación, de una epidemia de gripe. Fue en Castro donde les sorprendió el inicio de la Guerra Civil.

La contienda transcurre estando Santander en manos republicanas hasta las que las tropas franquistas tomaron la capital el veintiséis de agosto de 1937. Las tropas sublevadas hicieron diecisiete mil prisioneros, muchos de ellos fusilados de inmediato, a los que siguieron los represaliados. Arturo Dúo Vital fue detenido, acusado de un supuesto delito de rebelión militar, permaneciendo en prisión del nueve al veintinueve de abril de 1938. Liberado en principio, fue de nuevo encarcelado el catorce de mayo del mismo año hasta su exculpación definitiva el veintinueve de abril de 1939. Durante el amargo año de cautiverio, sabemos que ejerció de director de un coro de reclusos y que compuso la canción Date la vuelta (siete de octubre de 1938), subtitulada “canción-baile montañés a tres y cuatro voces viriles”.

La desestructuración de una nación arruinada influyó en la creación de los pocos artistas que intentaron sobrevivir a unas difíciles condiciones económicas y morales. Así Arturo Dúo renunció a cualquier creación sinfónica e intentó subsistir económicamente buscando estrenar sus zarzuelas y participando en concursos que fomentaban las composiciones folklóricas españolas. Llegó el momento de sus Seis canciones populares montañesas (1939), con las que obtuvo el segundo premio del Concurso Ciudad de Bilbao, o su segundo ciclo, Seis canciones populares españolas (1941), con el que ganó el primer premio del Concurso de Composición de Santa Cruz de Tenerife del año 1947.

Con el objetivo de recopilar melodías tradicionales que le sirvieran para sus concursos de composición, inició durante el verano de 1941 un viaje por los pueblos de Cantabria, anotando no menos de veinticinco melodías, entre las que figuraban tonadas de ronda, tonadas “a lo pesao”, “a lo ligero” y marzas. Al mismo tiempo, en estos duros años, Dúo compuso bajo pseudónimo mucha música ligera: bailables, pasodobles, tangos… con fines comerciales.

En 1942 su esposa es destinada a una escuela de Fuentidueña, un pequeño pueblo sin luz de la provincia de Segovia, un ejemplo de la depuración de los funcionarios sospechosos de poseer una ideología contraria al régimen. El hecho de que Dúo no poseyera una remuneración estable hizo que el matrimonio y su hijo se desplazaran a dicha localidad. Pero en 1944 sí que el compositor castreño consiguió un empleo de director de la banda municipal de Villacañas, un pueblo toledano, más importante y mejor comunicado con Madrid. Estando aquí, volvió Dúo su mirada a la zarzuela y, de sus nuevos intentos, consiguió estrenar La fama de Luis Candelas (1945) el diez de abril de 1951 en el Teatro Fuencarral de Madrid.

En Villacañas, el compositor comenzó a ser consciente de la conveniencia para él de tener un título oficial y decidió examinarse en el Conservatorio de Madrid. Se tituló en 1948 y un año después ganó una oposición como profesor de Solfeo y Teoría de la Música en el Conservatorio Superior de Música de Madrid.

Será por entonces cuando Dúo aceleró su dedicación a la composición. Resignado por la agonía de la zarzuela, se centró en la elaboración de obras corales, de cámara y sinfónicas. En el ámbito coral, su amistad con Luis Morondo, director de la Coral de Cámara de Pamplona, lo indujo a componer nuevas obras: El perro de aguas (1949), a seis voces, Mozuca (1951), también a seis, u otras como Per a Sant Antoni (1952), Canta la rana (1955) o Cinco canciones vascas (1955).

Dentro de la obra de cámara, Dúo Vital presentó tres obras en este período, el  lírico Trío para flauta, violonchelo y piano (1951),  deudor de su herencia cántabra, estrenado el veintisiete de noviembre de 1954, su Cuarteto en sol (1952) para violín, viola, violonchelo y piano, dado a conocer el veintiocho de abril de 1956 y la referencial Sonatina, para quinteto de viento (1955). La partitura, para flauta, oboe, clarinete, fagot y trompa, se estrenó en Madrid el cinco de mayo de 1962, siendo en el año de su composición Premio Nacional de Música. Como también consiguió galardones por su Himno a La Mancha (1957), premio convocado por la Casa de La Mancha, de Madrid, y con la habanera Renaces tú (1958), primer premio en el IV Certamen Nacional de Habaneras, de Torrevieja.

En estos años de madurez no podía obviar su interés sinfónico, libre al fin de dificultades para abordar la gran forma musical. La culminación en papel pautado del amor que siempre sintió por su tierra la alcanzó con la Suite Montañesa (1949), obra sinfónica en tres tiempos. Nunca antes nadie había conseguido estilizar con esta genial maestría los sones, giros y ecos propios de nuestra cultura ancestral. La estrenó su autor al frente de la Orquesta de Radio Nacional en diciembre de 1950 y es su obra más interpretada, siendo dirigida en vida de Dúo por Ataúlfo Argenta o Jesús Arambarri y, después de su muerte por otros en numerosas ocasiones, especialmente en Madrid y Santander.

Otra obra sinfónica capital fue Benedicta (1956), composición que nuestra Camerata Coral de la Universidad de Cantabria recreará, junto a solistas y orquesta, en el Festival Internacional de Santander de 2019. El autor castreño compuso esta Sinfonía-Oratorio para ser presentada en el Concurso de Composición convocado por el Monasterio de Aránzazu, de Oñate, Guipúzcoa, trabajo escrito para solistas, coro y orquesta, con texto en euskera, latín y castellano. Dúo eligió las melodías vascas referidas a La Aparición, la Marcha de San Ignacio y de Benedicta, procedentes del Cancionero de Aránzazu.  Aunque no ganó el concurso, los organizadores acordaron un Primer Premio de Honor para esta obra. El diecinueve de febrero de 1960 se estrenó en Madrid por la Orquesta Nacional, los Cantores de Madrid y el incondicional Jesús Arambarri en el podio. La obra fue recuperada por el Festival Internacional de Santander veintiséis años después, en 1986, por solistas, Coro y Orquesta de RTVE bajo la rectoría de Miguel Ángel Gómez Martínez. Treinta y tres años tendrán que pasar para que solistas, la Camerata Coral de la Universidad de Cantabria, la Joven Orquesta de Cantabria, todos bajo las sabias manos de Raúl Suárez y José Luis Temes, alcen de nuevo el drama histórico-religioso de la aparición de la Virgen de Aránzazu, relatando los hechos habidos en el primer tercio del siglo XVI, en plena agitación bélica, de la feliz historia del descubrimiento por el pastorcillo Rodrigo de Balsategui. Tras  cantar el convulso período fratricida, la aparición transmite la calma y el ambiente pastoril, dejando paso a una voz infantil que entona los versos de un antiguo romance. Un sentido humanista y religioso se apodera de la obra, yendo a lo que es esencial para Dúo, ese posicionamiento humano, como dicen las voces en un momento determinado: “Paz, justicia, cesen las luchas fratricidas y los odios sangrientos”.

Tras Benedicta, compuso la Suite del Noroeste (1957), de aires gallegos, obra estrenada muy tardíamente, el 14 de agosto de 1989 en Santander, con Krystian Zimerman al piano y la Orquesta Sinfónica de Tenerife, bajo la dirección de Víctor Pablo Pérez.

Otro logro incontestable fue su Sinfonía para gran orquesta (1960), en tres movimientos. Fue presentada al Concurso Internacional Óscar Esplá de Alicante de ese año y, rebautizada como Sinfonía para un aniversario, al Premio Ciudad de Barcelona (1962). El estreno tuvo lugar en el Palau de la Música de Barcelona el veintiocho de febrero de 1963, por la orquesta de la ciudad condal dirigida por Rafael Ferrer y repetida el uno de marzo, siendo retransmitida por Radio Nacional en esa segunda ocasión.

Arturo Dúo Vital y su esposa recogiendo un galardón en Barcelona

Sin duda, el proyecto más ambicioso de toda su carrera fue la composición de la ópera en tres actos, El Campeador (1963), proyecto ideado en 1954, con la participación de los libretistas Rafael y Guillermo Fernández Shaw. Por fin Arturo Dúo Vital se rebeló contra todo lo que había dificultado el desarrollo de su vocación teatral, dejando plena libertad a su alma poética. Por desgracia, cuando se encontraba tramitando el estreno por el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, enfermó y, a los diez días de acabarla, se produjo su óbito, en su querida Castro, a donde fue a morir el veintiocho de marzo de 1964.  

Parece que en su lecho de muerte dijo: “¡Con todo lo que tengo que componer…! Mi esperanza es seguir siendo fiel a mi vocación y a mi destino.” Ahora el nuestro es conocer su legado y disfrutar de su música.

Santander, 14 de abril de 2019.

Texto de Francisco Cano Salinas, ayudado para los datos de fechas y estrenos por el libro publicado por la Fundación Marcelino Botín, Santander, 2001, “Arturo Dúo Vital (1901-1964). La mirada de un músico”, en concreto el capítulo “Una mirada interior”, trabajo de la musicóloga Julia Lastra Calera, y por la reseña del diario El País, 12 de agosto de 1986, debida al crítico musical Enrique Franco.

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