PRENSA

Interpretación impecable de una obra cumbre de BACH

GIUSEPPE FIORENTINO

Musicólogo y Profesor de la Universidad de Cantabria

 

El sábado día 8 de abril, dentro de la Temporada 2017 del Palacio de Festivales, se interpretó una de las obras más complejas y profundas de toda la historia de la música occidental: la Misa en Si menor de Johann Sebastian Bach (1685-1750).

Desde el primer estremecedor acorde de Si menor del “Kyrie” inicial, hasta el último liberatorio acorde de Re mayor del “Dona nobis pacem”, y a lo largo de las dos horas de duración de la obra, el público de la Sala Argenta contuvo el aliento en una actitud de profunda atención, casi más propia de una función litúrgica que de un concierto público, saludando el final de la misa con un largo y caluroso aplauso. La interpretación fue impecable y todos los músicos estuvieron a la altura de la obra cumbre de Bach.

El director Oscar Gershensohn hizo una labor magnífica a la hora de interpretar los números estilísticamente tan variados de esta misa, confiriendo claridad a los más complejos entramados polifónicos de los movimientos corales y resaltando los “afectos” de las arias con solistas: porque la Misa en Si menor de Bach no es simplemente una obra increíblemente compleja desde el punto de vista técnico, sino que requiere un esfuerzo interpretativo importante para descifrar y presentar al público los contenidos emocionales del texto litúrgico que Bach tradujo en música. En este sentido, uno de los momentos más altos de la dirección de Gershensohn fue en la interpretación de los tres movimientos centrales del Credo, “Et incarnatus”, “Crucifixus”, “Et resurrexit”, en los que Bach traduce en música el asombro del misterio de la encarnación, el dolor físico y espiritual de la crucifixión y el júbilo glorioso de la resurrección: expresiones de la espiritualidad humana que van más allá de las confesiones religiosas, Católica o Luterana, convirtiéndose en símbolos musicales de arquetipos universales. Los instrumentistas de la Academia de Música Antigua de Cantabria, especializada en la interpretación historicista de música antigua y que está llevando a cabo proyectos musicales muy importantes y de altísima calidad, actuaron de manera impecable: desde la sección del Contínuo hasta los solistas, que en algunos casos sorprendieron por la calidad expresiva e interpretativa de sus intervenciones “obligadas” en las arias, como fueron, por ejemplo, las del flautista Frank Theuns en el “Benedictus” y la del violinista Heriberto Delgado en el “Laudamus te”. Los cantantes solistas supieron interpretar con carácter, rigor y expresividad las arias y dúos de la misa. La soprano Inma Férez sorprendió por su voz expresiva y potente mientras la soprano Manon Chauvin destacó por su elegancia y agilidad; la mezzosoprano Marta Infante nos regaló uno de los momentos más emotivos con su “Agnus Dei”; magníficas también las interpretaciones del Ariel Hernández (tenor) y Enrique Sánchez (barítono).

Raúl Suárez y la Camerata Coral de la Universidad de Cantabria consiguieron otra vez asombrarnos por la altísima calidad de su trabajo: se trata de un coro amateur, que suena como un coro profesional, capaz de abarcar un repertorio muy dispar desde el Renacimiento hasta el siglo XXI y que se reveló particularmente apto para interpretar las densas polifonías de la Misa de Bach. Las líneas melódicas del entramado polifónico resultaron claras en cada momento a pesar de la particular dificultad de algunos números y de las diferentes configuraciones requeridas al coro (a cuatro, cinco, seis partes, hasta las ocho partes divididas en doble coro del “Osanna in excelsis”).

(Gente, 10 de Abril de 2017)